Me gusta escribir y me gusta leer lo que escriben otros en Internet. Pero, sobre todo, me apasiona crear: no solo imaginar las cosas, sino bajar al barro para construirlas y verlas crecer.
Mis primeras opciones
Hasta ahora me he dedicado a buscar un lugar para volcar mis ideas sin que la parte técnica me molestase. Eso tiene un precio: ninguna opción terminaba de encajar:
- Las redes sociales: Se me quedan cortas. Son demasiado breves y, sobre todo, efímeras. Plataformas como BlueSky tienen su encanto, pero es fugaz y efímera. Mastodon se me hace muy complicada de usar, y tengo la sensación de que tiene una barrera de entrada innecesariamente compleja. Las otras ni se consideran.
- Plataformas gratuitas: Opciones como Blogger o WordPress ofrecen mucha personalización, pero no encontraba el frontend exacto que tenía en mente. Soy un enamorado de la sencillez y de las webs sin adornos innecesarios.
- La privacidad: Asociado a la gratuidad de las del punto anterior, no quiero que las bigtech rastreen lo que escribo o lo que tú lees a través de cookies de terceros. Además, visto lo visto, quiero dejar de lado todo lo que no esté bajo el paraguas de la UE.
- Las opciones de pago: No me veo con la capacidad técnica de montar todo el tinglado y que funcione de manera razonable. Las que yo he visto hasta el momento (netcup.de o infomaniak.com por ejemplo) tienen muy buena pinta, pero por el momento quedan fuera de mi alcance.
La epifanía de la web estática
Todo cambió cuando descubrí la web de Hendrik Erz. Además de ser el capo de Zettlr, mantiene una web estática autoalojada: su propio dominio en su propio espacio alquilado. Al verlo pesé “eso es lo que yo quiero hacer”.
La idea , usando una analogía, sería la siguiente: si quisieras abrir un negocio en tu ciudad, imagina que te ofrecen dos opciones: un pequeño hueco dentro de un centro comercial gigantesco, con sus reglas y su estética uniforme. Eso es lo que las Big Tech te ofertan. La otra opción es un local a pie de calle en mi propio barrio.
En mi caso estába clara la opción, ¿verdad? Me lié la manta a la cabeza y recuperé el dominio lecturasdevuelo.es. Abrí un repositorio en GitHub, me peleé con las DNS en CDMON y descargué VS Code. Un poco a ciegas, pero con algo de ayuda y con lo que recordaba de mis viejos tiempos en los que coqueteaba con el diseño de páginas web, empecé a picar código HTML y CSS. Y poco a poco se empieza a formar lo que estás viendo ahora.
This is my way
Al final, me di cuenta de que quizás estaba mirando en la dirección equivocada. ¿Y si el primer “público objetivo” de esta web era yo mismo? La satisfacción no solo viene de lo que escribo, sino también de crear el lugar donde lo publico. Tener un proyecto propio, con sus metas y sus herramientas, es un proceso increíblemente gratificante. Por supuesto, hay frustraciones (ni el código ni las palabras me hacen el caso que les pido), pero eso lo meto dentro de la parte divertida.
Creo que completar un proyecto, por pequeño que sea, te prepara para el siguiente. El proceso creativo es una combinación de muchos actos distintos, es el resultado del acto de crear, por muy redundante que suene la expresión. Como decía aquel, que las musas me pillen trabajando en esta web y en lo que publico en ella. Haz el check in, ocupa tu asiento y abróchate el cinturón. Si me necesitas puedes tocar el botón situado en el panel superior. Yo me hago cargo del resto.